
El toro Ferdinando es un cortometraje de Disney, ganador del Oscar en 1938. La historia comienza con un argumento que podría resumirse con facilidad: animalito de Dios que desde la más tierna infancia descubre que no es igual que sus otros congéneres. Ferdinando lo pasa muy mal desde pequeño, a él lo que le gusta es
`aspirar el perfume de las flores a la sombra de un alcornoque´, dice el narrador, y sabe que no es el bravío torito que todos esperan.
El cuento es rico en situaciones, y de ellas reflexiona el artículo
"Disgayland: fantasías animadas de ayer y hoy" de Paco Vidarte. Me quedo con el final de los comentarios, cuando la picadura de un insecto le hace reaccionar como un verdadero macho y le supone una inyección de virilidad exultante:
"El picotazo de heterosexualidad o de virilidad, tanto da cuando se juzga la orientación sexual por actitudes externas fácilmente identificables, le duró lo que el escozor. Asustado en los toriles, lo único que le hace salir a los medios galopando es el ramo de flores que le acaban de tirar al torero. Ve una flor y se pierde. En medio de aquel mundo hostil e incomprensible, el ramo le pareció un oasis. Al verlo salir, cundió el pánico y la expectación hasta que Ferdinando:
`Sentóse tranquilamente y empezó a aspirar el perfume de las flores´.